El cantante español rinde homenaje a clásicos popularizados por Nino Bravo, José José, Juan Gabriel y Raphael en un álbum grabado con grandes arreglos orquestales y una mirada profundamente respetuosa hacia las canciones originales.
David Bisbal vuelve a sus raíces emocionales con Eternos, su décimo álbum de estudio, un proyecto en el que presta su voz a algunas de las canciones más emblemáticas del pop romántico en español de las décadas de los 60, 70 y 80.
El disco, que llega este jueves 1 de octubre, incluye composiciones popularizadas por figuras legendarias como Nino Bravo, José José, Juan Gabriel y Raphael, entre otros artistas que ayudaron a definir una época irrepetible de la música en español.
Para Bisbal, el proyecto representa mucho más que un álbum de versiones. El intérprete lo concibe como un homenaje a lo que considera “la mejor época del pop romántico en español”.
El proceso de preparación también le permitió redescubrir canciones que conocía desde hacía años. Al estudiarlas con la intención de interpretarlas, Bisbal encontró nuevos matices tanto en las composiciones como en las voces de los artistas que originalmente las llevaron al público.
Clásicos que atraviesan generaciones
Eternos está compuesto por 10 canciones y reúne títulos tan reconocibles como “Te Quiero, Te Quiero”, “Vivir Así es Morir de Amor”, “El Amar y el Querer” y “Abrázame Muy Fuerte”.
El desafío era evidente: ¿cómo interpretar canciones que el público identifica inmediatamente con voces tan icónicas sin caer en la imitación?
Bisbal encontró la respuesta imaginando que los propios compositores le habían entregado esas canciones directamente a él. Desde esa perspectiva buscó su propia manera de interpretarlas, conservando las melodías y, en muchos casos, gran parte de los arreglos originales, pero evitando reproducir las interpretaciones que las hicieron famosas.
En algunas canciones decidió explorar con mayor libertad. Uno de esos casos es “Qué Sabe Nadie”, clásico asociado a Raphael, que Bisbal llevó a un terreno más cercano a su identidad artística.
Un Bisbal más contenido
Uno de los elementos más interesantes de Eternos es el tratamiento vocal.
Conocido por la potencia de su voz, Bisbal adopta aquí una interpretación más contenida y medida en buena parte del álbum. En lugar de convertir cada canción en una demostración vocal, permite que las melodías respiren y reserva sus momentos de mayor intensidad para aquellos pasajes que realmente los requieren.
El resultado busca colocar las canciones en primer plano.
Es también una muestra de madurez artística: un cantante que no necesita transformar cada composición para hacerla propia, sino que encuentra una nueva identidad dentro del respeto hacia la obra original.
Más de 90 músicos para recuperar el sonido de otra época
Para construir el universo sonoro del disco, Bisbal volvió a trabajar con el productor y arreglista Cheche Alara, con quien ya había colaborado en su álbum navideño Todo es Posible en Navidad, publicado en 2024.
La intención fue recuperar parte de la forma en que se grababa la música décadas atrás: músicos compartiendo un estudio, interpretando juntos y trabajando con grandes formaciones instrumentales.
El núcleo del álbum fue grabado en vivo en los históricos Henson Recording Studios de Los Ángeles, con batería, bajo, percusión y Alara al piano.
Las secciones de cuerdas y metales se grabaron posteriormente en Budapest. En algunas canciones participaron más de 90 músicos, aportando al proyecto una dimensión orquestal poco habitual en buena parte del pop contemporáneo.
Bisbal siguió esas sesiones de manera remota desde Madrid.
Un puente entre generaciones
Con Eternos, David Bisbal no intenta reemplazar las versiones originales ni competir con ellas. El álbum funciona más bien como un reconocimiento a una generación de artistas, compositores y arreglistas que construyeron parte del lenguaje emocional de la música popular en español.
Para quienes crecieron escuchando esas canciones, el proyecto ofrece una oportunidad de reencontrarse con melodías profundamente familiares.
Para generaciones más jóvenes, puede convertirse en una puerta de entrada a nombres esenciales como Nino Bravo, José José, Juan Gabriel o Raphael.
Después de más de dos décadas de carrera, Bisbal utiliza así su décimo álbum de estudio para mirar hacia atrás y celebrar las canciones que ayudaron a construir el camino que artistas como él continúan recorriendo.
Porque algunas canciones pertenecen a una época.
Y otras, como propone el título del álbum, terminan siendo eternas.
















































































































































































































































































